¡Querido Rory!
Me cuesta contar los años que hace que no nos veíamos y, aunque sean unos pocos menos, también los que llevábamos sin saber el uno del otro. Esas promesas de que los lazos nunca se romperán uno no sabe si son tan falsas como fuerte es la convicción de los que las formulan o tan ciertas que, cuando habíamos desaparecido el uno para el otro, provocan un encuentro providencial como éste.
Por desgracia, Rory, creo que la coincidencia no es tal. No es sino una expresión flagelante de cómo mi tiempo discurre plácidamente aburrido y mis días y mis noches se hacen territorios diáfanos por el insomnio. Aunque juré que no volvería, estoy viviendo en Roma, en el barrio de Prati, donde la Italia profunda "urla" en el mercado cada mañana y donde los vecinos me alcahuetean una y otra vez para por fin encontrar la pieza que les haga catalogarme en uno de sus futiles arquetipos. No tienen la categoría de autarquía emocional y no entienden que haya decidido venir a vivir aquí porque, finalmente, la indignación que me produce este entorno es lo único que me hace sentir como el Timothy Treadwell apasionado y visceral que presumía ser.
No puedo contarte en una sola carta cómo los acontecimientos se han precipitado -aunque en realidad ha sido de todo menos precipitados- hasta llegar a esta situación, pero ahora siento que de toda la sabiduría que adquirí en mi vida, lo único útil ha sido aprender idiomas tan poco prácticos como el griego o el castellano para poder seguir los anecdotarios de las gacetas locales. Y, mira por donde, doy con la para ti paradisiaca, para mí inhabitable isla de Iraclia y, tirando del hilo, llego a tus aventuras.
Iraclia rompe su monotonía y encuentra un cadáver. Si alguien hay en la isla que te recuerde un poco a mí, ahí tendrás al culpable. Seguramente, buscó la manera de salir de la mediocridad y el aislamiento de esa maldita isla, con su insultante belleza y su desquiciante tranquilidad. ¡Ay Rory! Tanto romanticismo me ha convertido en un cascarrabias que cuando se encuentra con tu presencia virtual ahoga su emoción en el pensamiento de que Rory todavía no ha sido capaz de dejar de fumar.
Encontrar tus todavía finas reflexiones y tu manera de acariciar con mimo la realidad a través de adjetivos y metáforas ha sido como encontrarme con un espejo que vilipendia mi decepción y reivindica mi entusiasmo. Querido Rory, ¿dónde estuviste todo este tiempo? ¿Estás a tiempo de desempolvarme? Te tengo que contar tantas cosas... Y la próxima carta, prometo volver a hablar de cine. Un beso enorme.
Me cuesta contar los años que hace que no nos veíamos y, aunque sean unos pocos menos, también los que llevábamos sin saber el uno del otro. Esas promesas de que los lazos nunca se romperán uno no sabe si son tan falsas como fuerte es la convicción de los que las formulan o tan ciertas que, cuando habíamos desaparecido el uno para el otro, provocan un encuentro providencial como éste.
Por desgracia, Rory, creo que la coincidencia no es tal. No es sino una expresión flagelante de cómo mi tiempo discurre plácidamente aburrido y mis días y mis noches se hacen territorios diáfanos por el insomnio. Aunque juré que no volvería, estoy viviendo en Roma, en el barrio de Prati, donde la Italia profunda "urla" en el mercado cada mañana y donde los vecinos me alcahuetean una y otra vez para por fin encontrar la pieza que les haga catalogarme en uno de sus futiles arquetipos. No tienen la categoría de autarquía emocional y no entienden que haya decidido venir a vivir aquí porque, finalmente, la indignación que me produce este entorno es lo único que me hace sentir como el Timothy Treadwell apasionado y visceral que presumía ser.
No puedo contarte en una sola carta cómo los acontecimientos se han precipitado -aunque en realidad ha sido de todo menos precipitados- hasta llegar a esta situación, pero ahora siento que de toda la sabiduría que adquirí en mi vida, lo único útil ha sido aprender idiomas tan poco prácticos como el griego o el castellano para poder seguir los anecdotarios de las gacetas locales. Y, mira por donde, doy con la para ti paradisiaca, para mí inhabitable isla de Iraclia y, tirando del hilo, llego a tus aventuras.
Iraclia rompe su monotonía y encuentra un cadáver. Si alguien hay en la isla que te recuerde un poco a mí, ahí tendrás al culpable. Seguramente, buscó la manera de salir de la mediocridad y el aislamiento de esa maldita isla, con su insultante belleza y su desquiciante tranquilidad. ¡Ay Rory! Tanto romanticismo me ha convertido en un cascarrabias que cuando se encuentra con tu presencia virtual ahoga su emoción en el pensamiento de que Rory todavía no ha sido capaz de dejar de fumar.
Encontrar tus todavía finas reflexiones y tu manera de acariciar con mimo la realidad a través de adjetivos y metáforas ha sido como encontrarme con un espejo que vilipendia mi decepción y reivindica mi entusiasmo. Querido Rory, ¿dónde estuviste todo este tiempo? ¿Estás a tiempo de desempolvarme? Te tengo que contar tantas cosas... Y la próxima carta, prometo volver a hablar de cine. Un beso enorme.








2 comentarios:
Timothy Treadwell? como el Timothy de Malibu, mi principe valiente,mi ¨desconectado¨ preferido mi defensor de lo imposible,mi guerrero amable
¿por que Timothy Treadwell?
Querida Angelika,
Los nombres son sólo el inicio de todas las imposiciones que sufriremos a lo largo de nuestras vidas. ¿Resume algo un Timothy? ¿Seremos Tim y Timothy la misma persona? Ojalá los nombres fueran como los horóscopos y yo también fuera un guerrero amable, defensor de lo imposible.
Un abrazo desde Roma,
Timothy
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