
Aquí ya no me echa ni Dios. Tengo todas las acciones. A veces pienso que tengo un agujero en el vaso. Otras veces lo sé, soy un borracho.
Mi padre tenía una toalla de Johnny Walker, yo le miraba desde arriba y me preguntaba cuanto tiene que beber un hombre para que una empresa de güisqui le regale una toalla. Luego descubrí que los borrachos no vamos a la playa. Nadie que ame realmente, necesita hacerse una camiseta con la cara del idiota al que ama. Se ama y punto, que es lo importante. Lo más importante. ¿tú te has sentido amado? Ser amado es un milagro. Aunque a veces te tiren al suelo y te claven un tacón de aguja en la mejilla por amor, sigue siendo un milagro. Significa algo. Significa que eres un tío cojonudo. Bueno, siempre hay quien ama por equivocación. Es más, cuando te vi, sentándote con ese pelo largo y esos vaqueros ajustados creí que alguna vez te amaría. Luego te oí hablar y vi que eras un hombre. Aunque nunca juzgaría una oveja por una pata de más. Eso sí, las tetas son importantes, también los papeles, aunque ahora no haya una falda para marcar la diferencia. Yo llevo diez años amando beber. Mi padre también estaba enamorado de beber. Y me tomarás por gilipollas, pero hay gente que ama el resto de un cuerpo en el estomago de una patrulla de gusanos o una mancha de humedad en la esquina de una caja vacía. Yo amo beber y amo al borracho que soy cuando bebo. Mi padre odiaba a su propio borracho. Todo el tiempo. Hay, meses sobretodo en verano, en el que encuentro alguien para compartir mi amor. Mi padre pegaba a mi madre y todos decían que era por que era un borracho. Siempre me acaban diciendo que me cuide. Yo sé que la pegaba por que odiaba ser un borracho, no por el echo de serlo. Yo ya llevo toda una vida cuidándome, ahora, no me da la gana. Y que conste que me vigilan. Pero de aquí no me echa ya ni Dios. Tengo todas las acciones.
Juan Gonzalez
CORRESPONDENCIA:
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viernes 23 de febrero de 2007
Fragmentos de la chapa tabermera. Remite: Juan Gonzalez
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1 comentarios:
Yo también llevo casi 10 años bebiendo. De pequeño mis padres me llevaron a un colegio en el que en mi curso, 5º de EGB, en el grupo C (yo iba al B), había un niño que tenía un padre alcohólico. Ha llegado un punto en el que me planteo que pasa por mi mente cuando ya estoy borracho. Me gusta beber porque creo que cuando el alcohol ocupa mi cuerpo este consigue una especie de proliferación en cuanto a lo que siempre me he preguntado: ¿cómo llegar a ser la mujer deseada? A base de borracheras he llegado a conocerla, bueno, no es que la conozca de verdad pero si que nos han presentado más de un par de veces. Siempre se le olvida mi nombre, yo me acuerdo perfectamente del suyo: Lucía, que es nombre que le gusta a todo el mundo, desprende luz propia, tal y como se deduce de su presentación. Esto es típico pero funciona. Es la muchacha que todos, y digo todos, machos y hembras, querrían ser. Esa que aunque no se haya duchado, baja a comprar el pan y el panadero que es un hombre que ya vio mucho en esta vida, se queda embobado mirando su melena y sus labios aun hinchados de recién levantada. Cuando entra a un establecimiento tiene un comentario firme o elocuente que soltar a la camarera o al que se tercie efectuando una especie de encanto sobre todos. No me refiero a ese tipo de encanto que tiene las rubias teñidas con la piel mas aterciopelada que un cosmético pueda ofrecer. Me refiero a esas que pongan lo que se pongan están siempre en su mejor momento. Ella trata a todas las personas como si fueran una prolongación de si misma. Nadie puede pasar desapercibido en su concepción. Es como una recepcionista de peatones. Da igual lo que haga, como si estuviese robando la cartera a una anciana, es tan dulce que le llena el bolsillo que ella misma vacía con distorsiones empalagadas. Le encanta comer conguitos…hay días, y digo días como a lo mejor podían ser un centenar, que solo come esta especie de cacas de cabra. Es una experta en separar el chocolate del cacahuete y tiene todos los bolsos forrados por dentro con los envoltorios. Cuando no se pasa el día comiendo conguitos, cuando tiene uno de esos en los que cuesta moverse de casa la he visto hacerlo todo de rodillas. Se ducha de rodillas, se viste de rodillas, baja las escaleras de rodillas, sale a la calle… hasta que acaba conociendo a alguien en el trayecto que pueda contarle algo para distraerla de sus pocas ganas. Puede parecer una mujer muy sociable pero en realidad pasa la vida sola. Habla sola, come sola, va a la compra sola, pasea sola los domingos. Saca a su perro pero este no le coge del brazo mientras suben y bajan cuestas, yo sé que se siente como si paseara sola.
Esto es todo lo que he descubierto de momento porque en realidad cuando nos vemos solo nos saludamos y yo agacho la cabeza, no soy capaz de decir algo ingenioso para caerle bien. Luego recuerdo que ella es solo algo que tengo en mi cabeza y entonces, en vez de aliviarme me empiezo a encontrar cada vez peor. Hasta ha habido días que en pleno invierno, salía en pelotas a la calle para auto castigarme, cortarme no sirve de nada porque la sangre me produce un desmayo instantáneo, Lo más duro era salir a pasar frío y q la gente que pasaba se riera de mi cola encogida. Ahí es cuando me siento un alcohólico de verdad.
Batolomé Casal
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