Amigo Rory:
te sorprenderá que te escriba tan de seguido –quiero decir tan pocos días después de mi primera y última carta-: el chiste del tipo que le pregunta a un peatón si le puede indicar la acera de enfrente el peatón le responde que la de enfrente y el tipo le dice que viene de ahí y que le contestaron que ésta no suele tener mucho éxito. El caso es que el resfriao del que te hablé mutó en una sinusitis cojonuda, y este próximo lunes hará justo quince días que estoy enfermo. Ayer por la tarde decidí ir al cine para librarme de la oscuridad de mi apartamento calcinado y me pasó algo. Como me sobraban veinte minutos tiré la casa por la ventana (las chanclas, el albornoz, los Neobrufenes, las limonadas), entré en una cafetería moderna y ordené la auténtica strawberry cheesecake y un café con leche. En esto que llega, la coloco más cerca, bien centrada, el café a la derecha, cojo la cuchara y... que no sabe a nada.
Me acordé de ti con la película: no la he vuelto a ver todavía pero recuerdo una escena en la que el protagonista bailaba muy libre al son de un saxofón y eso me hizo recordar al niño que fui –porque mi madre siempre lo contaba- y se puso de pie de un salto sobre su asiento en aquel otro cine, esta vez al son de un “Tócala como si tu pelo estuviera en llamas”.
No volverás a tener noticias mías en unos cuantos días salvo que caiga en tus manos algún periódico de por aquí; si eso –Dios no lo quiera- sucediera, te juro por nuestra longeva amistad, que el de la foto de la portada no soy yo.
Un abrazo:
Iván.







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