CORRESPONDENCIA:

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domingo 4 de noviembre de 2007

Crónica de este día


Amigo Rory:

acuérdate de la importancia de tener un tendedero en casa. Me viene a la cabeza un ya visto que encierra otro y esto es el cuento que no te voy a contar; te escribo para darte la buena nueva de que la negrura de mi corazón tiene los días contados: en este Estado se ven caimanes por todos lados y yo he decidido volver a nadar. Nada que ver con las travesías de isla a isla que conocimos, por extraño que te parezca aquí todo el mundo nada en la piscina; a mí me viene de perlas porque me queda cerca de casa, a un par de paradas de metro, y el con el carnet de identidad me sale solo por euro y medio. Llegué sin gorro ni bañador, pero con dinero en el bolsillo que me habían dicho que me podía equipar de pies a cabeza en una máquina expendedora que hay en el hall principal; por supuesto se me tragó el dinero y menos mal que el calzoncillo del día era bastante moderno, también color negro, y que corté un trozo de toalla y con un cordón de los playeros me hice un gorro de lo más apañao. Ya en las duchas, después del baño, pensé que allí dentro estábamos los más enfermos y los más sanos, compartiendo un mismo espacio como no suele ser habitual.
La vuelta a casa fue muy agradable: los árboles de la avenida que bajaba llenos de hojas amarillas que algunas caían y un par de limones y un zumo de naranja. Un amigo me ha pasao una receta de pollo al limón y hoy por fin le tomé la medida: el pollo no coje mucho el sabor, pero las patatas estaban buenísimas.

L´après-midi
me acordé, pensando en escribirte esta crónica, de aquella otra piscina, también en este Estado, donde disfruté como un enano jugando con mi hermano al baloncesto. Nos llevaron a Disneyworld unos días sin contar con la edad que ya teníamos y nosotros no veíamos la hora de abandonar el parque para llegar a la piscina del hotel, ¡que tenía canastas! Esto es como cuando eres tío y le regalas a tu sobrino un mecano, llega corriendo un amigo suyo con un simple palo y el mecano lo montas tú.

La tarde-noche transcurrió sin mayor novedad: entre cervezas y cigarrillos; supongo que al hígado y a los pulmones les toca esperar...

Un abrazo,
Iván.