CORRESPONDENCIA:

Este es el lugar de la correspondencia. Aquí podrán leer las historias de mis colaboradores.

lunes 15 de octubre de 2007

Chaqueta verde en corazón negro


Amigo Rory:

el otro día tuve que bajar al sur, al norte del sur, por negocios y en el autobús reconocí aquella chaqueta que tu conociste de la que no me deshago; era verde oscuro y entallada, tenía los cuellos anchos que se doblaban y además abrigaba mucho. El muchacho que viajaba a mi lado la había colgado del respaldo del asiento del que viajaba delante suyo, como si nada. El caso es que entablamos conversación: todo empezó cuando yo le empecé que había tenido una chaqueta, si no igual, muy parecida a aquella, y de ahí en adelante “... the sound of the engine, the sound of the tyres, and the snow.”.

Me dijo que era poeta, lo cual no me sorprendió; te mando un par de estrofas que le haz lo que te digo y nadie saldrá herido.

De todo corazón:

Iván.

Voy a dejar de escribir

hasta que pueda cantarle a la vida,
hasta que muera y un buen amigo decida
sacar a la luz mi corazón.

Un corazón negro no puede cantarle a la vida,
un corazón negro no tiene corazón.
Voy a dejar de escribir
hasta que amanezca un buen día

y me sorprenda tomando el sol.


martes 2 de octubre de 2007

Strawberry Cheesecake


Amigo Rory:

te sorprenderá que te escriba tan de seguido –quiero decir tan pocos días después de mi primera y última carta-: el chiste del tipo que le pregunta a un peatón si le puede indicar la acera de enfrente el peatón le responde que la de enfrente y el tipo le dice que viene de ahí y que le contestaron que ésta no suele tener mucho éxito. El caso es que el resfriao del que te hablé mutó en una sinusitis cojonuda, y este próximo lunes hará justo quince días que estoy enfermo. Ayer por la tarde decidí ir al cine para librarme de la oscuridad de mi apartamento calcinado y me pasó algo. Como me sobraban veinte minutos tiré la casa por la ventana (las chanclas, el albornoz, los Neobrufenes, las limonadas), entré en una cafetería moderna y ordené la auténtica strawberry cheesecake y un café con leche. En esto que llega, la coloco más cerca, bien centrada, el café a la derecha, cojo la cuchara y... que no sabe a nada.

Me acordé de ti con la película: no la he vuelto a ver todavía pero recuerdo una escena en la que el protagonista bailaba muy libre al son de un saxofón y eso me hizo recordar al niño que fui –porque mi madre siempre lo contaba- y se puso de pie de un salto sobre su asiento en aquel otro cine, esta vez al son de un “Tócala como si tu pelo estuviera en llamas”.

No volverás a tener noticias mías en unos cuantos días salvo que caiga en tus manos algún periódico de por aquí; si eso –Dios no lo quiera- sucediera, te juro por nuestra longeva amistad, que el de la foto de la portada no soy yo.

Un abrazo:

Iván.