CORRESPONDENCIA:

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martes 8 de abril de 2008

Mi nueva mujer: la primavera


Amigo Rory:

he soñado con nosotros dos esta noche. Te cuento: éramos dos jóvenes europeos recién llegados a Nueva York; tú tenías el pelo largo y vestías como una estrella del rock y yo no me acuerdo pero supongo que parecido a como era cuando fui joven y europeo, de viaje contigo a Nueva York. Llegamos de noche y caminamos por una calle muy larga y con mucha pinta de extrarradio, yo le pregunté algo a un fulano que esperaba el autobús y luego ya solamente recuerdo que nos hospedamos en una especie de residencia de estudiantes parecida a la que vio nacer nuestra amistad en la capital de España, digo en Nueva York. El sueño no tiene final, ni mucho sentido tampoco, aunque ningún sueño los tiene ahora que lo pienso...
Luego me he levantao ya un poco mejor, jaja, te lo voy a contar porque vuelve a tener huevos la cosa: estuve sin trabajar prácticamente todo el mes de marzo y, de repente, me volvieron a llamar. El caso es que durante una semana me metieron toda la caña que me habían quitado el mes anterior y, entre eso y los cambios de humor de mi nueva mujer -la primavera-, acabé por caer enfermo. Como me decía mi padre cuando era pequeño: “Hijo mio, tienes peor salud que Kafka”, que luego me enteré fue un escritor así con pinta de yonqui como yo.
Bueno, amigo Rory, me despido hasta la próxima que probablemente sea la última carta que te escriba desde aquí. No me preocupo aunque haga meses que no sé nada de tí porque solo puede significar que la has espichao o que estás ocupao con otros asuntos, y ninguna de las dos cosas tiene solución.

Un abrazo:
Iván.