CORRESPONDENCIA:
martes 27 de febrero de 2007
Café y bollos
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Timothy Treadwell
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sábado 24 de febrero de 2007
Cartas desde una isla multitudinaria
Me cuesta contar los años que hace que no nos veíamos y, aunque sean unos pocos menos, también los que llevábamos sin saber el uno del otro. Esas promesas de que los lazos nunca se romperán uno no sabe si son tan falsas como fuerte es la convicción de los que las formulan o tan ciertas que, cuando habíamos desaparecido el uno para el otro, provocan un encuentro providencial como éste.
Por desgracia, Rory, creo que la coincidencia no es tal. No es sino una expresión flagelante de cómo mi tiempo discurre plácidamente aburrido y mis días y mis noches se hacen territorios diáfanos por el insomnio. Aunque juré que no volvería, estoy viviendo en Roma, en el barrio de Prati, donde la Italia profunda "urla" en el mercado cada mañana y donde los vecinos me alcahuetean una y otra vez para por fin encontrar la pieza que les haga catalogarme en uno de sus futiles arquetipos. No tienen la categoría de autarquía emocional y no entienden que haya decidido venir a vivir aquí porque, finalmente, la indignación que me produce este entorno es lo único que me hace sentir como el Timothy Treadwell apasionado y visceral que presumía ser.
No puedo contarte en una sola carta cómo los acontecimientos se han precipitado -aunque en realidad ha sido de todo menos precipitados- hasta llegar a esta situación, pero ahora siento que de toda la sabiduría que adquirí en mi vida, lo único útil ha sido aprender idiomas tan poco prácticos como el griego o el castellano para poder seguir los anecdotarios de las gacetas locales. Y, mira por donde, doy con la para ti paradisiaca, para mí inhabitable isla de Iraclia y, tirando del hilo, llego a tus aventuras.
Iraclia rompe su monotonía y encuentra un cadáver. Si alguien hay en la isla que te recuerde un poco a mí, ahí tendrás al culpable. Seguramente, buscó la manera de salir de la mediocridad y el aislamiento de esa maldita isla, con su insultante belleza y su desquiciante tranquilidad. ¡Ay Rory! Tanto romanticismo me ha convertido en un cascarrabias que cuando se encuentra con tu presencia virtual ahoga su emoción en el pensamiento de que Rory todavía no ha sido capaz de dejar de fumar.
Encontrar tus todavía finas reflexiones y tu manera de acariciar con mimo la realidad a través de adjetivos y metáforas ha sido como encontrarme con un espejo que vilipendia mi decepción y reivindica mi entusiasmo. Querido Rory, ¿dónde estuviste todo este tiempo? ¿Estás a tiempo de desempolvarme? Te tengo que contar tantas cosas... Y la próxima carta, prometo volver a hablar de cine. Un beso enorme.
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Timothy Treadwell
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viernes 23 de febrero de 2007
Fragmentos de la chapa tabermera. Remite: Juan Gonzalez

Aquí ya no me echa ni Dios. Tengo todas las acciones. A veces pienso que tengo un agujero en el vaso. Otras veces lo sé, soy un borracho.
Mi padre tenía una toalla de Johnny Walker, yo le miraba desde arriba y me preguntaba cuanto tiene que beber un hombre para que una empresa de güisqui le regale una toalla. Luego descubrí que los borrachos no vamos a la playa. Nadie que ame realmente, necesita hacerse una camiseta con la cara del idiota al que ama. Se ama y punto, que es lo importante. Lo más importante. ¿tú te has sentido amado? Ser amado es un milagro. Aunque a veces te tiren al suelo y te claven un tacón de aguja en la mejilla por amor, sigue siendo un milagro. Significa algo. Significa que eres un tío cojonudo. Bueno, siempre hay quien ama por equivocación. Es más, cuando te vi, sentándote con ese pelo largo y esos vaqueros ajustados creí que alguna vez te amaría. Luego te oí hablar y vi que eras un hombre. Aunque nunca juzgaría una oveja por una pata de más. Eso sí, las tetas son importantes, también los papeles, aunque ahora no haya una falda para marcar la diferencia. Yo llevo diez años amando beber. Mi padre también estaba enamorado de beber. Y me tomarás por gilipollas, pero hay gente que ama el resto de un cuerpo en el estomago de una patrulla de gusanos o una mancha de humedad en la esquina de una caja vacía. Yo amo beber y amo al borracho que soy cuando bebo. Mi padre odiaba a su propio borracho. Todo el tiempo. Hay, meses sobretodo en verano, en el que encuentro alguien para compartir mi amor. Mi padre pegaba a mi madre y todos decían que era por que era un borracho. Siempre me acaban diciendo que me cuide. Yo sé que la pegaba por que odiaba ser un borracho, no por el echo de serlo. Yo ya llevo toda una vida cuidándome, ahora, no me da la gana. Y que conste que me vigilan. Pero de aquí no me echa ya ni Dios. Tengo todas las acciones.
Juan Gonzalez


