CORRESPONDENCIA:

Este es el lugar de la correspondencia. Aquí podrán leer las historias de mis colaboradores.

domingo 25 de noviembre de 2007

"Highlands"


Amigo Rory:

... Estoy en Boston, en un restaurante,
y no sé que pedir.
Bueno, igual si que lo sé, pero no me acabo de decidir.
La camarera se acerca,
un comedor vacío salvo por ella y por mí.

Debe ser fiesta porque no hay nadie alrededor. Me estudia detenidamente mientras me siento.
Tiene una cara bonita y unas piernas largas y brillantes como perlas.
Me pregunta: "¿Qué va a ser?".
Le respondo: "No sé, ¿tienes huevos cocidos?".

Me mira y dice: "Sí, pero no me queda mayonesa,
has elegido un mal momento para venir".
Y añade: "Sé que eres un artista, dibújame".
Le digo: "Lo haría si pudiera, pero no dibujo de memoria".

"No hace falta", me dice, "Estoy en frente tuya, ¿no te has fijado?".
Le digo: "Sí, me he fijado, pero no llevo el cuaderno encima".
Me alcanza una servilleta y dice: "Hazlo aquí".
Le digo: "Si no es por no hacerlo, es que tampoco tengo lápiz".

En esto que se saca el suyo de detrás de la oreja:
"Venga", me dice, "Aquí me tienes, dibújame".
Total que trazo un par de líneas y se las enseño.
Ella coge la servilleta, la tira
y me dice: "No se me parece en nada".

Le digo: "Yo creo que sí".
Me dice: "Estás de coña...", exclamo: "¡Ojalá fuera así!".
Y entonces me suelta: "No lees novelas escritas por mujeres, ¿verdad?".
Al menos eso es lo que creo haberle oido decir...
"¿Y tú qué sabes?", le digo, "Y además: ¿qué tiene que ver?".

"No sé, ¡pero está claro que no lo parece!".
Le digo: "Te equivocas de cabo a rabo".
Me pregunta: "¿A quiénes has leído, entonces? Le respondo: "¡A Lucía Etxevarría!".
Entonces se aleja un momento y aprovecho para levantarme en silencio.
Salgo a una calle llena de gente, pero me da la sensación de que nadie sabe dónde
va exactamente.

Mi corazón está en tierras altas, con los caballos y
los perros de caza.
Bien arriba, en el país limítrofe, lejos de las ciudades.
Con el tañido de la flecha y el chasquido del arco.
Mi corazón está en tierras altas,
no veo ningún otro lugar al que ir.

Cada día es lo mismo ahi fuera:
sentirme más alejado que nunca.
Algunas cosas se aprenden demasiado tarde.
Estoy perdido en nosedonde,
debo haber girado mal en algún cruce.

Veo gente en el parque olvidando sus problemas y
tristezas.
Beben y bailan, visten ropas de colores.
Todos los chavales con sus novias, jóvenes
y guapos.
La verdad es que me cambiaría por ellos
en un minuto, si pudiera.

Cruzo la calle para librarme de un perro sarnoso
hablando conmimo mismo en un monólogo.
Creo que lo que me hace falta es un largo abrigo de cuero.
Alguien me acaba de preguntar
si me he registrado para votar.

Acaba de salir el sol,
pero ya no alumbra como solía.
La fiesta ha terminado, y cada vez hay menos que decir.
Tengo ojos nuevos
que lo ven todo muy lejano.

Mi corazón está en tierras altas cuando rompe la mañana,
sobre las colinas y lejos de aquí.
Hay una forma de llegar, y de alguna forma la encontraré.
Aunque mentalmente ya estoy allí
y eso es suficiente por el momento.
Un abrazo:
Iván.




























domingo 18 de noviembre de 2007

"De la redención"



Amigo Rory:
la lectura de la primera entrega de tus Confesiones me ha recordado la noche que pasé en aquel motel de carretera y, concretamente, del libro que encontré en el cajón de la mesilla de noche – era un ejemplar magnífico: gastado por los bordes, dividido en capítulos cortos como a mi más me gusta-.
Amigo Rory:
la lectura de la primera entrega de tus Confesiones me ha recordado uno de los fragmentos de aquel libro; te lo copio aquí debajo y me disculpo por no recordar más que el título del capítulo y por no poder reproducirlo entero (una desagradable sorpresa me interrumpió la lectura y forzó a abandonar la habitación antes de tiempo...).
Lo próxima carta que te envíe ya la recibirás con remite de las Highlands, ahora me despido que “It´s not dark yet, but it´s getting there”.
Un abrazo:
Iván.


De la redención

... La voluntad no puede querer hacia atrás; el que no pueda quebrantar el tiempo ni la voracidad del tiempo – ésa es la más solitaria tribulación de la voluntad.
El querer hace libres: ¿qué imagina el querer mismo para liberarse de su tribulación y burlarse de su prisión?
¡Ay, todo prisionero se convierte en un necio! Neciamente se redime también a sí misma la voluntad prisionera.
Que el tiempo no camine hacia atrás es su secreta rabia.
“Lo que fue, fue” - así se llama la piedra que ella no puede remover.
Y así ella remueve piedras, por rabia y por mal humor, y se venga en aquello que no siente, igual que ella, rabia y mal humor.
Así la voluntad, el libertador, se ha convertido en un causante de dolor: y en todo lo que puede sufrir véngase de no poder ella querer hacia atrás.
Esto sí, esto solo es la venganza misma: la aversión de la voluntad contra el tiempo y su “Fue”.
En verdad, una gran necedad habita en nuestra voluntad; ¡y el que esa necedad aprendiese a tener espíritu se ha convertido en maldición para todo lo humano!
El espíritu de la venganza: amigos míos, sobre esto es lo que mejor han reflexionado los hombres hasta ahora; y donde había sufrimiento, allí debía haber siempre castigo.
“Castigo” se llama a sí misma, en efecto, la venganza: con una palabra embustera se finge hipócritamente una buena conciencia.
Y como en el volente hay el sufrimiento de no poder querer hacia atrás, - por ello el querer mismo y toda vida debían - ¡ser castigo!
Y ahora se ha acumulado nube tras nube sobre el espíritu: hasta que por fin la demencia predicó: “¡Todo perece, por ello todo es digno de perecer!”.
“Y la justicia misma consiste en aquella ley del tiempo según la cual tiene éste que devorar a sus propios hijos: así predicó la demencia.
“Las cosas están reguladas éticamente sobre la base del derecho y el castigo. Oh, ¿dónde está la redención del río de las cosas y del castigo llamado `Existencia´?” Así predicó la demencia.
“Ninguna acción puede ser aniquilada: ¡cómo podría ser anulada por el castigo! Lo eterno en el castigo llamado `Existencia´ consiste en esto, ¡en que también la existencia tiene que volver a ser eternamente acción y culpa!
A no ser que la voluntad se redima al fin a sí misma y el querer se convierta en no-querer-”: ¡pero vosotros conocéis, hermanos míos, esta canción de fábula de la demencia!
Yo os aparté de todas esas canciones de fábula cuando os enseñé: “La voluntad es un creador”.
Todo `Fue´es un fragmento, un enigma, un espantoso azar – hasta que la voluntad creadora añada:
“¡pero yo lo quise así!”.
-Hasta que la voluntad creadora añada: “¡Pero yo lo quiero así! ¡Yo lo querré así!”
¿Ha hablado ya ella de este modo? ¿Y cuándo lo hará? ¿Se ha desuncido ya la voluntad del yugo de su propia tontería?
¿Se ha convertido ya la voluntad para sí misma en un libertador y en un portador de alegría? ¿Ha
olvidado el espíritu de venganza y todo rechinar de dientes?
¿Y quién le ha enseñado a ella la reconciliación con el tiempo, y algo que es superior a toda reconciliación?
Algo superior a toda reconciliación tiene que querer la voluntad que es voluntad de poder - : sin embargo ¿cómo le ocurre esto? ¿Quién le ha enseñado incluso el querer hacia atrás?

domingo 4 de noviembre de 2007

Crónica de este día


Amigo Rory:

acuérdate de la importancia de tener un tendedero en casa. Me viene a la cabeza un ya visto que encierra otro y esto es el cuento que no te voy a contar; te escribo para darte la buena nueva de que la negrura de mi corazón tiene los días contados: en este Estado se ven caimanes por todos lados y yo he decidido volver a nadar. Nada que ver con las travesías de isla a isla que conocimos, por extraño que te parezca aquí todo el mundo nada en la piscina; a mí me viene de perlas porque me queda cerca de casa, a un par de paradas de metro, y el con el carnet de identidad me sale solo por euro y medio. Llegué sin gorro ni bañador, pero con dinero en el bolsillo que me habían dicho que me podía equipar de pies a cabeza en una máquina expendedora que hay en el hall principal; por supuesto se me tragó el dinero y menos mal que el calzoncillo del día era bastante moderno, también color negro, y que corté un trozo de toalla y con un cordón de los playeros me hice un gorro de lo más apañao. Ya en las duchas, después del baño, pensé que allí dentro estábamos los más enfermos y los más sanos, compartiendo un mismo espacio como no suele ser habitual.
La vuelta a casa fue muy agradable: los árboles de la avenida que bajaba llenos de hojas amarillas que algunas caían y un par de limones y un zumo de naranja. Un amigo me ha pasao una receta de pollo al limón y hoy por fin le tomé la medida: el pollo no coje mucho el sabor, pero las patatas estaban buenísimas.

L´après-midi
me acordé, pensando en escribirte esta crónica, de aquella otra piscina, también en este Estado, donde disfruté como un enano jugando con mi hermano al baloncesto. Nos llevaron a Disneyworld unos días sin contar con la edad que ya teníamos y nosotros no veíamos la hora de abandonar el parque para llegar a la piscina del hotel, ¡que tenía canastas! Esto es como cuando eres tío y le regalas a tu sobrino un mecano, llega corriendo un amigo suyo con un simple palo y el mecano lo montas tú.

La tarde-noche transcurrió sin mayor novedad: entre cervezas y cigarrillos; supongo que al hígado y a los pulmones les toca esperar...

Un abrazo,
Iván.